Etiquetes

divendres, 29 de març de 2013

Júlia



Sent punxades al pit. La Júlia veu un carreró sense sortida i ple d’ombres. Però nomes un carreró. Com se li acudeix a la Lola la idea de fugir? Què no tindría remordiments, ella? Girar l’esquena a tot i a tothom, fer mal a les persones que estima, haver d’escoltar els murmuris i les acusacions de tothom del barri.

La Lola la mira amb ulls horroritzats, però ella no la veu. S’eixuga les llàgrimes i es prepara per fer el cor fort. Quan agafa el pom de la porta se sent sola malgrat tenir la seva amiga al costat.
Obre la porta i s’engoleix la tristesa, es pinta un dibuix al rostre. Quan entra al menjador, que alhora serveix de saleta, tot s’omple d’exclamacions. Ella passa, saluda, dóna les gràcies, torna a passar i torna a saludar, cap al tard, com un autòmat, fingint l’alegria que hauria de tenir. La seva mare la mira plena de goig, va cap a ella i l’abraça, plorant, emocionada. La Júlia correspon a aquella abraçada, somriu, un bri de felicitat il·lumina els seus ulls en veure la seva mare tant feliç, igual que el seu pare, mudat amb la seva americana nova, per ella. Sent com una onada d’amor se li escampa per tot el cos. Els seus pares ho han donat tot per ella. Com podia ara dir que no?

Agafa el ram de flors que li dóna el padrí. No permèt que el poema que li ha dedicat li toqués el cor, l’ha envoltat en una alta muralla de pedra i roca. No vol tornar a plorar. No vol fer un drama.

Quan arriben a l’esglèsia la Júlia es queda esperant aferrada al braç del seu pare. Quan es va sentir l’orgue i aquest va ressonar fins als núvols la Júlia nota com milers d’ull acusadors la miraven escrutant-li el seus pensaments més intims. Intenta ignorar aquella sensació fixant-se tan sols en el passadís que se li obria als seus peus, sota les seves sabates de tacó que nota de cop insegures, fràgils, com ella mateixa.El seu braç queda tens agafant el del seu pare. A uns quants passos d’ella veu el seu futur marit, de negre, menys la camisa blanca; la mira com qui veu un estel enimg de la foscor. La Júlia sap que s’equivoca, però ja no pot donar cap passa endarrere, sap que ha començat a entrar en un laberint sense sortida, sense cap fil que la pugui ajudar, per què ella no era Ariadna, i el que seria el seu marit tampoc Teseu. Ho sap. I la realitat cau sobre el seu cap disfressada d’un simple vel blanc.

La Júlia dubtaba. Si havia sentit res per ell era feia anys, ara es sentia com si fos al fons d’un pou, tan fosc que no arriba a llegir els seus pensaments ni els seus sentiments.

La música de l’orgue impedeix escoltar el repic de les seves sabates. Potser no és tant dolent com es pensa. No pot ser tant dolent, es repetix. En Martí es bona persona, l’estima, sap, o almenys s’imagina, que viure amb ell no serà difícil.

Ja està més a prop. L’altar s’aproxima. Ella te un nus a la gola. Intenta fer les passes lentes i curtes, però li és igual, perquè d’arribar, arribarà de totes maneres.

Ja hi és. S’adona que els nervis que tenia tant a flor de pell han desaparegut. S’adona que no ha d’estar nerviosa, que si ha de passar, passarà. S’adona que la seva vida acaba de donar un tomb que ella veia llunyà i que ara el toca amb la punta dels dits.

Ella somriu a en Martí. Ell li correspon, embaladit. El temps se li tira a sobre, però continua amb aquella monòtona tranquil·litat, ensorrant els seus sentiments, intentant que no surtin. Ha de tenir força. Ha de fer l’últim pas. Ha d’empassar-se la saliva i desfer el nus de la gola. Ha d’evitar que se li trenqui la veu en dir el “si quiero”. Ha d’evitar que li tremolin les mans quan ell les agafi per ficar-li l’anell. Ha de dur aquella careta que la defensi de la por, de la indesició, per que ella és una dona forta. Ha de dur aquella careta, que des de llavors i sempre, serà la seva aliada, la seva amiga.


Cloudin




Gràcies per llegir-nos! 
Esperem el teu comentari.

dimarts, 26 de març de 2013

Luis (1a Parte)


      - Una ayudita, por favor. – suplicaba un hombre tirado en el suelo.
Había muchos como él en la calle. Todos pedían un poco de dinero para poder comer algo aquella noche. Ninguno había vivido siempre así, pero todos habían llegado al mismo punto en sus vidas. Todos tenían mejores épocas que recordar y soñaban poder dejar atrás esa pesadilla en la que vivían.

Hacía ya diez años de aquella mañana soleada. La primavera estaba en todo su esplendor. Luis se levantó, como cada mañana, para ir al trabajo. Su piso era pequeño y frío. Las paredes no estaban decoradas y ningún mueble conjuntaba con el otro. Vivía solo y su única compañía era su queridísimo perro, Trueno. Lo había comprado cuando tan solo era un cachorro y desde entonces se había convertido en su fiel compañero. Se frotó los ojos con los puños y, somnoliento, se metió en la ducha. Su vida era monótona y rutinaria. Siempre hacía lo mismo y de la misma manera. No tenía a nadie. Con las únicas personas con las que se relacionaba era con la gente del trabajo y con el camarero del bar de debajo su casa. No tenía familia, su padre había fallecido cuando él tenía tan solo diez años y su madre hacía tres. No tenía hermanos y con sus tíos nunca había tenido ninguna relación. Los amigos, los había ido dejando atrás con el paso de los años y aunque siempre había sido muy solitario, ahora se hallaba en la cumbre de su soledad. En realidad, pensaba, nunca había llegado a echar de menos a nadie.
 Cuando se hubo vestido y afeitado, bajó al bar a desayunar y a pasear a Trueno. Al cabo de tres cuartos de hora se encontraba en el autobús dirigiéndose a la oficina. El día transcurrió con normalidad. Ordenó muchos papeles, hizo muchas fotocopias y cogió muchas llamadas telefónicas. La vida rutinaria le hacía sentirse una pequeña pieza del universo. Sin él, la maquina no funcionaba y aunque estaba solo, sentía que formaba parte de algo. Cogió el bus a la misma hora de siempre y se sentó en la parte trasera. Le gustaba mirar a la gente como entraba y salía, la relación que había entre ellos y como, piezas esenciales de este mundo, se ignoraban entre ellas.  Aquel día, una chica se sentó a su lado. Llevaba una carpeta de color azul y un libro en la mano. Durante el trayecto estuvo leyendo con la cabeza agachada y sin levantarla en ningún momento. Bajó del autobús una aparada antes de la suya dejando en el asiento el dulce perfume que llevaba. Algo dentro de Luis se removió. Cuando se levantó de su asiento para salir del autobús, un objeto chocó contra sus pies, era la carpeta azul. La cogió rápidamente y se dirigió a su casa. Una vez sentado en la pequeña mesita de la cocina la abrió. Dentro había unos cuantos folios con dibujos hechos a lápiz. En todos, había figuras solitarias en medio de una multitud de gente. Un frío se extendió por todo su cuerpo. Esas figuras le recordaban a él. Guardó los dibujos en la carpeta y buscó alguna referencia, nombre o dirección, sobre la propietaria. No encontró nada. Depositó la carpeta encima de una estantería y sacó a pasear a Trueno. Por primera vez en muchos años, echo de menos a alguna otra compañía a parte de la canina y después de muchos meses pensó en su madre.  Le vino a la memoria una tarde de invierno, su madre y él en la cocina, cuando esta le dijo:
 -  Luis, ¿no te gusta ninguna chica?
 -  No, mamá. – había contestado, sin levantar la cabeza.
 -  ¿Ni un chico? – inquirió ella.
 - No soy gay, mamá. – respondió con brusquedad.
Hijo, tienes veinticinco años ¿no crees que tendría que buscar alguna novia?
Mamá, esto no se busca. Llega y punto.
Pero hijo, nunca has tenido ninguna relación… Sé que la gente en general no te gusta, pero podrías salir algún día con tus amigos y relacionarte con chicas.
Sabes que a mí este rollo no me gusta, además, hay demasiada gente en lugares demasiado pequeños.
Solo tengo miedo de que te quedes solo… Ahora te gusta, pero a lo mejor, dentro de unos años quieres a alguien y ya no lo encuentras.
-Si te quedas más tranquila, ya saldré algún día.
Ese día nunca llegó y cada vez se adentró más a su soledad.

Los ladridos de Trueno le quitaron de su ensimismamiento. Estaban en un parque y este quería que le lanzara un palo. Recogió uno del suelo y lo lanzó lo más lejos que pudo. Cuando le lanzó el palo per tercera vez el perro ya no lo fue a buscar. Se puso a gemir entre sus piernas y a lamerle las manos y los pantalones. Luis sonrió. Lo conocía tan bien a ese perro... Notaba cuando estaba contento y alegre pero también cuando se sentía triste y cansado. Cuando gemía era que lloraba sus penas con él y en su idioma le decía:
Amigo mío, no llores, yo siempre estaré contigo. Siempre tendrás a tu fiel compañero que nunca te abandonará.
Entonces, Luis lo abrazaba con todas sus fuerzas y el perro se quedaba quieto, lamiéndole las orejas y gimiendo, hasta que él se calmaba. Ese día una lágrima solitaria, como él, le cayó por la mejilla izquierda.

Aquella noche Luis casi no durmió. No podía dejar de pensar en los dibujos de aquella chica desconocida, de la cual no había visto ni su rostro. Y también pensó en su madre y la echó de menos.
Al día siguiente, quería encontrar la propietaria de esos dibujos y devolvérselos. No sabía si ella los echaría de menos o si los había dibujado ella, pero la quería encontrar y dárselos, y ver finalmente vez su rostro. Empezó el día como siempre. Se duchó, se afeitó, se vistió, bajó al bar a desayunar y sacó a pasear a Trueno. Por primera vez, el trabajo le parecía demasiado monótono y aburrido, y se cuestionó cómo no lo había aborrecido antes. En el autobús de vuelta a casa se sentó en el mismo sitio y esperó impaciente ver entrar a la chica desconocida. No la vio. Estuvo semanas esperando verla entrar en el autobús y al final dejó de esperar. La carpeta seguía donde la había dejado y no la volvió a tocar hasta que un día, esperando el autobús para ir a trabajar vio el cartel colgado en una farola.  El cartel decía que se buscaba una carpeta azul con unos dibujos dentro y se pedía por favor que se devolviera, ya que tenía un valor sentimental muy grande. Daba una recompensa de cincuenta euros. Luis miró el cartel y se apuntó en un papelito el número de teléfono. Cuando llegó a la oficina llamó. Nunca antes se había sentido tan nervioso.
¿Si? – dijo una voz aguda.
Hola, - contestó Luis casi tartamudeando. – llamo porque creo que tengo tu carpeta con dibujos.
-¿En serio? – pregunto la voz ilusionada. – Muchas gracias por llamar. Ahora no puedo hablar, ¿te parece bien quedar en un bar y me la das?
Claro, dime dónde y te la llevo.
Quedaron al día siguiente en un bar cerca de casa de Luis. Este, estaba muy emocionado y casi sentía como si tuviera una cita.  Ese día no se concentró en ninguna tarea y cuando llegó a casa lucía una gran sonrisa en los labios. Intuía que alguna cosa iba a cambiar. Trueno lo saludó con los ladridos más altos que supo hacer y ese día había una felicidad en su vida inexplicable, pero presente.

Musu




Gràcies per llegir-nos! 
Esperem el teu comentari.


divendres, 22 de març de 2013

Els tres lligams del nus



Ella es va asseure a la meva esquerra en aquell banc de pedra, però jo estava pendent de la mà que aferrava a la meva dreta. Era d’un tacte estrany, tan vaporós que temia la seva realitat. Però sense saber per què no aconseguia veure-la, ella brillava en mig de la broma i jo desconeixia si allò que m’atreia tant era el seu somriure o els seus ulls.

Però quan a la meva esquerra la nova visitant em tocà l’espatlla jo la vaig ignorar. No em vaig tombar, esta enfrascat en aquella mà càlida i alhora freda i distant, volia agafar-la i no soltar-la, fer-la meva, volia que el seu món girés al meu entorn, com ho feia el meu al seu.

I, enmig de la boirina que em cegava, la veu de la visitant de la meva esquerra murmurava a frec de la meva orella. Però jo no l’escoltava. O feia veure que no l’escoltava, perquè cada paraula nova que pronunciava era com una daga roent. Em vaig apartar d’ella, però els fantasmes del meu passat continuaven aferrant-se a la meva mà esquerra, les paraules que xiuxiuejava s’arremolinaven i feien minvar la meva fortalesa.

I va passar el temps i vaig continuar en el banc de pedra, mirant entre la boira la presència de la meva dreta i intentant ignorar les paraules agredolces de la visitant de la meva esquerra. Però la daga roent s’havia anat transformant i ara era com una àncora que m’impedia sortir a la superfície. Així que aferrat a les dues mans de rostres inexplorats vaig dirigir per fi la meva mirada a la meva esquerra, i ella em respongué:

- No m’ignoris, sóc el teu passat, sóc darrera teu.
- Vull oblidar-te i superar-te per tal d’aprendre i millorar.
- No pots oblidar-me, doncs continuo captant la teva atenció. No pots superar-me, doncs continuo fen-te mal. No pots aprendre i millorar, doncs la teva persona depèn de mi. 
- I què vols que faci?- vaig respondre de mala gana
- Desprèn-te del futur, que mai ha existit, i mira’m als ulls. 

Llavors ella em tocà el rostre amb els seus tentacles del temps. I sense poder-ho impedir la màscara que duia per amagar els fantasmes es va esberlar i a poc a poc petites escletxes deixaven entrar la llum. Era tan intensa que em feria i em feia recular. Però la bena que duia lligada s’anà desfent fins a quedar un fil prim. I sense adonar-me’n vaig descloure la mà dreta per acariciar el rostre del meu passat, i just quan els meus dits la van tocar aquella ànima es va esvair.

I vaig restar assegut al banc de pedra, amb les mans buides i aferrant-me al nus de la vida.


Cloudin

Gràcies per llegir-nos! 
Esperem el teu comentari.


dimecres, 20 de març de 2013

Estimar, odiar, consumir.


No sabia que fer. A vegades m’entraven atacs d’ira i odi, i els odiava a tots dos. Els odiava perquè es podien agrupar en una sola paraula, hi havia un “nosaltres” per a ells dos, però mai n’hi hauria un per a mi.
No, mai podríem ser dos en un, ell i jo. No existia una paraula per a aquesta combinació.

D’altres vegades pensava que tant era. M’odiava a mi per haver-la odiat a ella, i llavors em sentia una mica millor, però només una mica. I només durant uns moments. L’enuig no s’esvaïa mai, i no era capaç d’odiar-me durant gaire temps mentre una petita veu al meu cap em deia que la culpa no era meva.
En aquests casos recordava l’odi que sentia per ells, i tornava al meu estat de rancúnia i malestar.

Però jo no podia fer altra cosa.
Les etapes de més claredat eren les més confuses: no hi havia núvols, i podia veure clarament el remolí de sentiments. No sabia que fer. De tant em preguntava si havia de fer un somriure, o bé girar la cara, quan els veies. De tant en tant em preguntava si realment tenia dret a odiar-los.

Jo no sabia exactament en què s’havia convertit la meva vida. Ja ni tant sols sabia si l’estava vivint. Només tenia una cosa al cap, un pensament que em perseguia nit i dia. Però no el podia definir, no l’entenia, només comprenia que el foc corria per les meves venes, i m’arribava al cor, i al cap. Un foc que no cremava, però que consumia.

I així, cada cop que arribava a les meves orelles una rialla, un xiuxiueig, un secret... jo m’encenia, i tot seguit em perdia.



xels




Gràcies per llegir-nos! 
Esperem el teu comentari.

divendres, 15 de març de 2013

Titelles d'ànima obscura


Em fas estimar a aquell a qui tu estimes realment, no pots evitar descriure’l amb els seus ulls o el seu somriure o les seves paraules. I jo caic als seus braços. Però de la mateixa manera que m’omples d’amor també amagues dins meu odi, perquè vols que sigui real. 

M’imposes un caràcter determinat, invariable. Llavors evoluciono i t’adones que puc arribar a ser tangible i et dóna la impressió que fins i tot el meu cor batega, per què tu me’l fas bategar. 

I sense adonar-te crees el meu rostre, els meus cabells i les meves manies. Agafes un simple full blanc i em plasmes en tinta negra. Quan acabes m’observes, em corregeixes, potser enlloc de rossa, morena. Descrius al meu entorn un pac, o una casa, em poses en un temps determinat. Inventes un món i em tanques a dins, entre punts, comes i lletres. 

Però caus en una cosa elemental, no saps com anomenar-me. I mentre estàs dies pensant, la meva persona resta a l’espera d’aquesta ànima que em falta. Així que quan per fi trobes el mot adequat deixo d’estar esguerrada. I encara que no ho vulguis reconèixer t’enamores de mi i m’estimes com si jo fos real. 

I com que sóc una simple titella a les teves mans em creus una heroïna i em fas viure aventures. Em fas córrer, i el cor se m’accelera, em fas escalar muntanyes i nedar mars; m’imagines, potser, liderant un gran exèrcit o sobre els lloms d’un cavall; i quan et sents trista em fas plorar. 

Però en totes aquestes heroïcitats que em fas viure sofreixo; jo sempre he fet tot el que has volgut, sóc un simple producte teu, un simple pensament, però si m’imagines morir tu també plores, doncs sóc una petita extensió del teu ésser. Llavors, per què he de patir, plorar, sagnar, tan sols per a viure una història i entretenir al lector? Sóc la teva invenció i t’apel·lo per fer aquesta crida, molts cops jo no vull ser la heroïna de la teva història.

Cloudin


Gràcies per llegir-nos! 
Esperem el teu comentari.

dimecres, 13 de març de 2013

Distància.

Els dies van anar passant cenyint-se a la rutina que a poc a poc anàvem creant.
Dia a dia oblidàvem els mals moments que algun dia havíem compartit. Durant aquells dies la nostra felicitat es va anar tornant impertorbable, encara que potser no ho era, de felicitat, i tant sols dúiem mascares tant reals que fins i tot ens enganyaven a nosaltres mateixes.
Tot i això, tot i ser-ne conscients, molt, molt en el fons, creiem que tot estava millor així. No hi reflexionàvem, no perdíem el temps pensant en coses que podien fer-nos dubtar i entristir. No explicàvem els nostres problemes i preocupacions a fi d’ofegar les penes amb l’amiga que teníem al costat. Ho varem començar a trobar innecessari i incòmode entre nosaltres: no ens en veiem capaces, donàvem poques qualitats a les companyes amb qui havíem compartit tantes coses, ja no ens inspiràvem tanta confiança.
Ja no hi érem mai. No. Simplement fèiem veure que hi érem, però quan ens giràvem i ens cridàvem per necessitat no hi havia ningú a darrera que ens prestés consol. I així anàvem creant ficció; no ens podíem retreure que no hi érem, que no ens escoltàvem, però alhora no podíem agrair cap ajut.

No vam separar-nos de cop, vam estar-nos juntes i silencioses fins al final, que va arribar sense avisar, i tant lleuger que ni ens en varem adonar. D’aquesta manera ens vam anar distanciant. El fet de parlar només de forma superficial va anar creant murs invisibles, però potents, al nostre voltant. Murs que altres persones si que podien travessar, i durant un temps vaig pensar que fins i tot destruir.
D’aquells últims dies amb les que havien sigut les meves millors tant sols en recordo comentaris poc enginyosos i distants, com si fóssim simples conegudes, res més que conegudes. A poc a poc vam deixar fins i tot de saludar-nos pel carrer, i vam començar a ignorar l’existència de les altres. Tot allò que havíem sigut havia desaparegut, separant-se en diversos camins per no haver sigut capaces d’expressar-nos amb sinceritat.


xels


 

Gràcies per llegir-nos! 
Esperem el teu comentari.